PELÍCULA: The Florida Project

¿Por qué ver The Florida Project del director Sean Baker?

Después de varias peripecias para conseguir dinero, Moonee, de camisa azul, zapatos rojos y risa fácil, comparte un helado con sus dos amigos: una niña pelirroja de ojos café brillante, que mira y mira más que hablar, y un chico que se desplaza saltando. Han conseguido las monedas necesarias con un argumento irrefutable: «Disculpe señora, ¿nos puede dar dinero? Tenemos que comer helado, pero no tenemos dinero, solo tenemos cinco centavos. Y el médico dice que tenemos asma y que debemos comer helado inmediatamente». En la siguiente escena, los niños caminan, ríen y en turnos equivalentes –en tiempo y en consumo de crema– disfrutan de un helado colectivo. Los niños viven entre muros, puertas, ventanas, habitaciones y ánimos de un púrpura marginal. Los adultos, muchas madres, pocos padres, habitantes de un motel barato, cerca de Disney World, sobreviven, centavo a centavo, venden cosas no oficiales, se revenden a sí mismos.


Moonee es el personaje principal de la película Proyecto Florida. En una escena ella y su compañera de aventuras observan, a través de una ventana, a su madre y una amiga conversar. «Está a punto de llorar. Siempre sé cuándo los adultos van a llorar», dice la niña. En los últimos minutos de la película, unos trabajadores sociales y policías van al motel púrpura, donde ella duerme y juega, a reparar institucionalmente las cosas. La deben separar de su madre rebelde y pobre. La niña escapa. No hay esperanza para otro helado. Busca a su amiga pelirroja, que también adora los helados, y por primera vez la imaginación de Moonee se detiene por obra del dolor: «Eres mi mejor amiga y tal vez no te vuelva a ver». Y Moonee llena el universo de gemidos, lágrimas. Una de ellas se desplaza hasta los labios, no alimenta: «Adiós»


A pesar de las carencias, Moonee y sus amigos reinventan su mundo con imaginación: convierten ruinas en castillos, charcos en parques acuáticos, y pasillos del motel en escenarios de aventuras. Esta capacidad lúdica revela cómo la infancia busca sentido existencial y salida creativa a la exclusión, aunque no pueda escapar a la inseguridad estructural y la vulnerabilidad.
La película señala que la infancia despliega recursos de imaginación, resiliencia y cooperación, aunque no puedan compensar por completo la exclusión estructural. En ese contraste, entre el juego y la marginación radica tensión del filme.

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